Reseña del libro "AVENIDA SEPTIMA BLUES"
¿Terminaste de leer?, pregunta la mujer, consciente de que no es una buena pregunta. Ojalá hubiera empezado siquiera, dice él. No se puede terminar si no se ha empezado. Ella sabe que tiene que dejarlo cocinar y prefiere no apurarlo. Espera en silencio. El texto de Bruno, continúa por fin él, desafía la idea misma de la lectura. ¿No se puede leer? ¿Es ilegible? No, no, el texto es legible, muy legible, paladeable, deleitable. Quizá es hasta hiperlegible, transparente de tan oscuro. Solo que las funciones asignadas, las convenciones admitidas gramaticalmente como funciones de una frase no es que no se cumplan, es que están desplazadas. Metidas en los entretelones de un gran teatro. Un teatro barroco, barroco de artesano pastuso, fabricante de carrozas de carnaval que se pasean por la ciudad zombi, con incontables telones, reales o pintados en el aire, tanto da, superpuestos en abismo para señalar... Él trata de explicar el procedimiento escenográfico de Bruno y le cuesta encontrar las palabras. ¿Para señalar qué?, se impacienta ella. ¿Un fondo? Después de mucho pensarlo él responde: quizá sí hay un fondo. Pero solo posible o transitorio, el fondo es una posición móvil que depende de la posición de los entretelones; a veces el fondo está en las narices mismas del lector: Avenida Séptima Blues: comedia de dos amantes, Bruno y Olga, separados en recámaras adyacentes. BrunOrfeo entona, pues, el blues que le permite acceder al inframundo para dar con ella, destinatario que recibe la carta postal.